miércoles, 14 de enero de 2015

Aceptar

En los últimos meses he vivido muchas experiencias que me han ido acercando a Dios, sin que esto signifique que me volví evangélica, protestante, católica u otra cosa. Simplemente, he sentido que mi confianza y mi fe en él han incrementado cada vez más y ustedes se preguntarán a qué se debe todo esto. La verdad en bastante sencillo, aunque me haya costado tanto tiempo y dolor entenderlo.

Creo que es muy propio del ser humano hacerse planes y metas de vida pero cuando esas proyecciones no se cumplen puede entrar en varios procesos emocionales: rabia, tristeza, depresión, angustia, ansiedad, estrés y pare de contar.

Varias veces me ha pasado que lo que yo quiero y espero no ocurre y vaya usted a aguantar mi mal humor y mis ganas de morirme.

Sin embargo, desde hace un mes, más o menos, ocurrió un click un día y entendí (también lo decidí) que aunque yo debo tener un plan de vida, Dios también tiene el suyo para mí.

No sabría bien cómo explicarles ese momento en el que comprendí sus designios, si eso pudiera servirles para acercarlos a él. Me disculpo por eso.

Ahora, mi confianza y fe plena en él me hacen sobrellevar un poco mejor (aun estoy en ese proceso) las cosas que no se dan y las experiencias que no ocurren cuando yo he decidido y he querido que sucedan.

Ayer, alguien conocido puso todo esto es una sola palabra bien simple: ACEPTAR.

Solo tienes que hacer es eso: aceptar. Todo lo que te pase y lo que no te pase, acéptalo. La justificación puedes buscarla en tu religión o tu creencia. Yo me digo a mi misma: "no conviene, no insistas; Dios no quiere eso para ti, no todavía, quizá luego; acéptalo".

Si tienes que padecer alguna enfermedad, acéptala; si tienes que esperar para cumplir tus sueños, acéptalo; si tienes un trabajo que no te gusta pero que no puedes dejar o no tienes otra opción, acéptalo; si no puedes estar en estos momentos con la persona que amas, acéptalo.

Acepta también a las personas tal cual y como son, no intentes cambiar su forma de ser para tu conveniencia. Respeta la personalidad de los demás, acéptala.

¡OJO! Que nada de esto se confunda con conformarse, resignarse a vivir mal, echarse a morir, no hacer nada y esperar que Dios te lo mande todo del cielo. Tú debes hacer tu parte y él hará el resto. Si no es ahora, luego se podrá, cuando convenga, cuando Dios así lo quiera.

Mi mensaje es que aceptando te evitas las rabias, las tristezas, el estrés y la impotencia de hacer o vivir lo que tú quieres. Aceptando eres más feliz.

Por todo esto, esa es mi palabra de este año, durante el cual seguiré con mis sueños y mis proyectos pero con la confianza y la aceptación absoluta de que lo que ocurra en mi vida es porque así debe suceder, porque así Dios lo quiso para mí.

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