lunes, 8 de abril de 2013

La excepción en mi blog: Mi historia sobre Chávez

Advertencia: el siguiente texto no tiene que ver con política. Aun así, por tratarse de un personaje tan ligado a este tema, considero este post como una excepción en mi blog, pues no puedo evitar escribir sobre él. Es mi sincero homenaje a este grande.

Fue en el año 1998, cuando me tocó despertar de la forma más trágica y estrepitosa que le puede ocurrir a una niña de 10 años. Hasta ese entonces, yo vivía en otro mundo, uno donde solo se sentía felicidad, alegría, ilusión. No sabía de la economía, mucho menos de política. Mi primera década de vida transcurrió en la más absoluta inocencia. Jugaba con muñecas, hablaba con las plantas simulando que ellas eran mis alumnos y yo la profesora, me aliaba con mi hermano en las más divertidas travesuras o para comer mango con sal, dormía siestas todas las tardes con mi mamá, sacaba excelentes notas en el colegio, le escribía cartas a mi hermana quien se mudó a Maracaibo para estudiar Medicina, esperaba a mi papá todas las tardes y me amarraba, como si fuera un monito, en sus piernas hasta que entrara a la casa... y así, vivía ignorantemente feliz de todo lo malo, e inclusive de la propia realidad, que podía pasar a mi alrededor.

Específicamente, el 22 de octubre de ese año mi vida cambió drásticamente y para siempre. Despedirme de mi papá y verlo enterrar fueron dos cosas que ocurrieron en un abrir y cerrar de ojos. No entendía mucho de la muerte pero en poco tiempo empezaría a comprender, al menos, de economía familiar.

Los días y meses siguientes fueron oscuros, nublados y muchos cambios sucedieron en mi vida: me mudé de ciudad, dejé mi colegio y a mis amigos, me separé por un tiempo de mi mamá, entre muchas situaciones que no puedo recordar con detalle. Sin embargo, sí se quedaron grabados en mi mente dos cosas particulares: el rostro del que juramentaban como Presidente de la República y una frase de mi mamá que decía: "¡Cuán feliz estaría Falo (como cariñosamente le decían a mi papá), al saber que Chávez ganó las elecciones!".

Justamente meses después de la muerte de mi papá, aparece en mi vida ese señor llamado Hugo Rafael Chávez Frías, a quien desde entonces adopté como la figura de un padre, un hombre por el cual sentí admiración a priori.
 

Poco a poco, lo fui descubriendo. Lo escuchaba en sus discursos y sentía que había semejanzas con la forma de ser y pensar de mi papá. Rápidamente me di cuenta de que era sumamente inteligente, producto de su formación militar y de su interés por la lectura de textos de cualquier tema. Además, no titubeaba, hablaba con la seguridad y firmeza de quien se prepara por años.

Algunas veces no lo entendía, sus discursos eran muy complejos para mis escasos conocimientos. Otras veces comprendía perfectamente sus explicaciones de economía petrolera como si yo hubiese oído hablar de eso antes. Me encantaba escuchar sus clases magistrales de geografía o historia de Venezuela, una versión que no conseguía en mis enciclopedias ni en mis maestros.

Así fueron pasando los años y con Chávez como líder del país, transcurrió mi adolescencia, esa etapa dura y rebelde que le tocó enfrentar a mi mamá, quien me tuvo que espantar más de un pretendiente para que yo “no fuera a meter la pata”. Esa mujer luchadora, también encontró en el Presidente al que podría haber sido su segundo gran amor. Cada vez que Chávez salía en la TV, mami le lanzaba besos, bendiciones y agradecimientos por las pensiones que le ayudaban a levantar a nuestra familia de la dura situación económica que llegamos a vivir al depender solo de su sueldo.

Llegó el momento de entrar a la universidad. La carrera en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso, fue la mejor elección que pude tomar. Años después, me doy cuenta de que a través de mi profesión puedo difundir el legado de quien además de ser presidente de Venezuela por 14 años, fuera como mi padre.

Durante ese tiempo, reconocí en Chávez el mejor ejemplo de un comunicador, como si se hubiese formado en la Escuela de Comunicación Social muchos años antes que yo. De él aprendí a informar todo y a usar todas las herramientas para que todos conocieran toda la verdad.

Sin embargo, también descubrí cosas que no me gustaban de él (actitud típica del hijo que cree que se las está comiendo todas y que el papá no sabe nada), como su forma de ser tan radical, tan directa… quizá lo hubiese preferido más diplomático, pero al tiempo entendí que esta era, probablemente, su mejor virtud, lo que lo hizo diferente, distinguible entre la multitud.

En mis 25 años de vida, Chávez estuvo presente durante más de la mitad y si me dieran la oportunidad de cambiar algo en mi historia no sería precisamente su continuidad en el poder. Tenerlo a él allí me hizo fuerte, me hizo sentir segura, confiada, tranquila, como el que está bajo la protección de un padre. Me brindó las herramientas para tener un buen trabajo y hasta las últimas decisiones tomadas por él, me generaron beneficios laborales.

La tarde del 5 de marzo de 2013 será un momento que recordaré siempre por dos noticias fulminantes: la muerte de Chávez y la confesión de un engaño. Aunque existían posibilidades de que ocurrieran, ambas me han hecho derramar no sé cuántas lágrimas, ambas quebraron mi espíritu. Dos hombres a quienes llegué a idealizar y a pensar que jamás me faltarían, se separaban de mi vida… Para siempre.

A un mes de su partida física, me faltan fuerzas para decirle ‘ex presidente’; tampoco me sale ‘Comandante’ porque jamás lo sentí así. Él es y seguirá siendo para mí el ‘Presidente Hugo Chávez Frías’, con respeto y admiración, como siempre lo vi y me referí a él. Muy profundamente en mi corazón, será otro padre que continuó formando mi ideología, mi forma de pensar y a quien le agradeceré siempre la patria que nos deja.

No pretendo convencer a nadie con esta historia. SIEMPRE he respetado la opinión contraria o a favor de Chávez. NUNCA intentaré hacer cambiar de posición política a nadie pues me parece una falta de respeto. Pero sí espero que acepten y respeten mi forma de pensar y mi dolor.