martes, 2 de noviembre de 2010

El wayuu de la nueva era

En Venezuela, contamos con una pluriculturalidad maravillosa de etnias indígenas repartidas en diferentes zonas del país. Sólo en el Zulia, se concentra el 70% de estos grupos, pertenecientes a las culturas de los wayuu, yukpa, barí, japreria y añú.

En los últimos meses, he establecido mucho contacto con la etnia wayuu, conocida también como guajiros y debo decir que ¡qué erradas ideas se hace uno de estos indígenas!, sin que esto suene a discriminación.

Los wayuu, además de tener un idioma propio (el wayuunaiki), poseen rasgos únicos: cara ancha, ojos achinados, cabellos lacios, color de piel morena, mirada decaída y estatura baja. Sin embargo, no son tan diferentes como se piensa.

La civilización y el modernismo han llegado a sus tierras, ubicadas en la Sierra de Perijá. Me ha costado borrar aquella imagen que me hacía de los indígenas en su entorno. Hoy el guajiro es un ciudadano más que viste, calza y vive con las comodidades y la indumentaria de un capitalino.
Los guayucos pasaron a la historia. Los hombres suelen vestirse con jeans o pantalones de vestir, camisas de color claro, alpargatas y un sombrero de paja. No obstante, las mujeres sí han conservado intacta la "manta guajira", consistente en una tela ancha que las cubre desde el cuello hasta los pies y que generalmente es tejida en diversos temas y colores.

Asimismo, ellas son las que toman las decisiones en sus casas y ellos se conforman con acatar lo que se les pida. En reuniones, ellas hablan, comentan y expresan sus ideas; ellos callan y escuchan pacientemente.

Se divierten con juegos de esta generación: softbol, béisbol o fútbol, con los mismos instrumentos que emplean los equipos en cualquier estadio famoso.

Cocinan como los dioses. El adobo y la sal son suficientes para condimentar los ovejos o becerros con los que se alimentan.

Sus casas son de cemento y bloques, nada queda de aquellas chozas o casas de barro comunes siglos atrás. Se muestran separadas unas de otras; algunas escondidas en el bosque friolento de la Sierra. Antenas de DirecTV se asoman en varias de ellas.

La tranquilidad es el perfume que los embriaga. El respeto hacia el coterráneo o el extraño parece ser el principal valor. La honestidad se tambalea al llegar a la ciudad, que poco a poco se aventuran a conocer y explorar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario