martes, 19 de octubre de 2010

Vocalistas natos

Seis hombres. Seis voces. Seis capacidades natas para interpretar cualquier sonido que se les antoje a capella. El ritmo de un tambor, una arpa, un violín, una trompeta o una guitarra no representa un desafío para ellos, quienes por 14 años han logrado más de lo que un Grammy puede dar: la admiración y el asombro de su público.


Vocal Song es un grupo polifónico, formado por seis maracuchos que delatan su identidad al término de una canción a capella, cuando sueltan un "Mirá, se me paran toditos porque lo que vinimos fue a bailar" o "Pa' mi que hay gente aquí que no cree en lo que hacemos es verdad".

El pasado 15 de octubre no sólo deleitaron a las más de 300 personas que acudieron a su llamado en el Aula Magna de la Universidad Rafael Urdaneta, en Maracaibo. Demostraron que el órgano fonador del ser humano es capaz de producir los sonidos más versátiles que con dedicación y constancia se pueden lograr.

Por cuarta ocasión tengo la oportunidad de escucharlos y en menos de un año he sido testigo del crecimiento vocal de cada uno de estos seis talentosos hombres: Ricardo, Aldemar, Andrés, Leonardo, Eduardo ("Polli") y Mario.

Vestidos elegantemente en trajes gris plateado (o al menos así se veían desde mi asiento), los chicos (como suelo decirles) nos montaron en un viaje hacia el pasado, recreando, de la forma más cómica, el momento cuando Aldemar, director del grupo, buscaba su propio estilo. Tuvieron que llegar sus otros cinco compañeros para que pudiera descubrir ese monstruo de la voz que hoy es y formar entre todos un conjunto de voces únicamente acopladas.

El recorrido por su historia discográfica hizo escalas en piezas de lengua española, italiana, latín y hasta en inglés, con una canción de John Lenon que interpretaban por primera vez en un show. "Amarte es un placer", "Anhelante", "Carusso", "Paula", "Sublime", "Venezuela sin palabras" y "O sole mio" fueron algunas de las canciones a capella en las que, literal y maracuchísticamente, "se lucieron".

A pesar de haberlos visto antes en vivo, debo confesar mi asombro al descubrir una de las voces del bajo del grupo, Andrés. No esperaba que él, tan tímido y chiquito, podría gastarse aquel "vozarrón", mucho más que un locutor.

Por su parte, Ricardo ha aprendido a jugar con los matices de su voz y la entonación. El "rompe corazones", como lo apodó Aldemar, posee una de las voces más melodiosas del grupo, ideal para las canciones románticas y enamorarse, si es posible hasta de él.

Aún no me acostumbro a la voz de Mario, "la nueva adquisisión del grupo" como le dicen. Es fina, sé que es necesaria pues en conjunto se escucha excelente, pero cuando lo hace solo es diametralmente diferente a Aldemar y Ricardo, principales vocalistas, lo que en ocasiones me choca.

Cada uno se distingue en lo propio. La trompeta en la voz de Leo suena mejor que el más afinado o novísimo instrumento. El "Polli", quien lució el afro más grande que en mi vida he visto, resalta en su elegancia y compostura.

Por último, Aldemar -momento de reverencia- hace con las canciones lo que un pintor con su obra maestra. Las disfruta, baila, salta, se emociona y se entrega como ninguno. Su voz, incomparablemente hermosa y potente, eriza la piel hasta del más serio, en piezas clásicas como "La donna e mobile".
Para llegar a la parada de ese viaje, estos seis humildes chicos se despidieron con su versión a capella de una gaita emblema en Maracaibo, "El Ferry", dejándonos en la memoria, en el corazón y en los labios un regionalista orgullo por lo nuestro.

lunes, 4 de octubre de 2010

Aceptar, así esté mal

Comenzando un nuevo semestre en la maestría de Lingüística (que estoy estudiando) me he topado con la más difícil realidad desde que conozco esta hermosa ciencia.
Resulta que hace unas décadas, diversos lingüistas en el mundo adoptaron una nueva visión para estudiar la lengua y han cambiado ese estatus de normatividad, que por tantos años había preservado, por uno de descriptividad.
En términos coloquiales y a modo de ejemplo, les explico: Cuando escuche a una persona decir "No, a la final no juimos, porque no cabianos todos", hay que dejarlo quieto, no corregirlo, ni decirle que no es "juimos" sino "fuimos" o "cabianos" sino "cabíamos", porque eso constituye su forma de hablar, pues finalmente, seremos los lingüistas los que aprovechemos estos "recursos" para describir los procesos de cambio que experimenta la lengua.
En parte, es cierto y estoy de acuerdo (bajo protesta) en que cada lengua enfrenta transformaciones para la posterior creación de dialectos (reconocidos por la Real Academia Española) en diferentes partes del mundo. Pero de ahí a que me digan que debo respetar lo que otro diga, así esté mal, es mucho con demasiado (incorrecta frase, por cierto).
Esto no es fácil para mi. Esto significa que tengo que aceptar que así habla esa persona, que su lenguaje la identifica y no tengo por qué somerterla a las supuestas reglas de la RAE. Hoy me doy cuenta de que he sido estructuralista, pues no soy capaz de tolerar esas transgresiones a mi idioma... No puedo... Me revienta la úlcera.
¿Eso no nos lleva a que cada día se afecte más la lengua? ¿A que en cualquier momento cada quien llegará a hablar como le da la gana sin importarle las reglas del español?