domingo, 13 de junio de 2010

150 días aprendiendo del racionamiento

Aunque hace un tiempo escribí en este blog acerca de la falta de luz eléctrica en Venezuela, hoy quisiera retomar brevemente el tema para referirme y reflexionar sobre la suspensión del racionamiento eléctrico en todo el país, anunciado por el presidente Chávez el pasado 10 de junio. Sacando cuentas y haciendo memoria, el racionamiento oficial comenzó el 12 de enero de este año y en 150 días pudimos vivir todo tipo de emociones y experiencias.

No quiero ponerme dramática, ni juzgar ni echarle la culpa a nadie, simplemente porque prefiero mirar la situación desde otra perspectiva.

Es cierto que se convirtieron en días de mucha ansiedad, estrés y preocupaciones por pensar a qué hora se iba la luz, que si me va a quemar algún artefacto eléctrico, que si tengo que hacer todo rápido antes de que me corten el servicio, que si hay mucho calor (sobretodo aquí en el Zulia), que si son horas perdidas y me siento inútil mirando al techo entre la oscuridad.

Pero también es cierto, que esas cuatro horas (en un principio), luego dos horas y finalmente una interdiaria sirvieron para que las familias se unieran, por fastidio, porque no nos quedaba más remedio o porque la situación nos obligaba, pero a fin de cuentas nos unimos más. Cuando se iba la luz, mi hermano se acercaba al cuarto de mi mamá (que valga la acotación, no suele hacerlo) y nos poníamos a hablar, a actualizarnos y hasta a jugar quién se supiera más palabras por tal letra, mientras pasaban las horas.

Recuerdo que mi tía solía reunirse con sus amigas en la casa de alguna de ellas que sí tuviera luz para pasar el rato recordando sus viejos tiempos, discutiendo temas actuales, compartiendo las últimas recetas de cocina y por supuesto, jugando cartas.

Puedo decir que aprendí a ganarle la batalla al calor, haciendo jugos de limón o echándome viento con lo que me pasara por las manos, escogiendo la ropa más liviana y fresca y hasta durmiendo con calor.

Pero también me incentivó a pensar más en la conservación de nuestra tierra y a buscar ideas para evitar su ya continuado proceso de destrucción. No sé si por casualidad o causalidad en esos tiempos ocurrieron los terremotos de Haití y Chile y las inundaciones en diversos países del mundo, lo que llamó más mi atención y preocupación por lo que le hacemos día a día a nuestro maltratado planeta.

Quisiera que todas las personas entendieran que aunque el racionamiento ya está suspendido no debemos volcarnos a malgastar la electricidad o el agua. Ojalá que apesar de las molestias que esos 150 días pudieron causar, muchos venezolanos hayan reflexionado como yo o mejor que yo. Porque aunque parezca pesimista, creo que estos fueron los trailers de lo que tarde o temprano nos tocará vivir.

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