jueves, 15 de abril de 2010

El despido

Ese día me desperté con mucho sueño y no quise irme con mi tía como solía hacer cada mañana. La explotación laboral de semana santa me tenía realmente agotada y con tal de dormir aunque sea media hora, preferí decirle a mi tía que me iba en carrito por puesto.
Aunque yo sabía que mi contrato de tres meses terminaba el día anterior, 4 de abril de 2010, asistí como supuse que debía el día lunes. La editora comenzó a repartir las pautas a cada uno de los periodistas y me dejó de última. Pensé en que me podría un trabajo de investigación o me iba a llamar la atención por alguna cosa que no hice o hice mal, en fin... pensé en todo, menos en lo que en realidad me dijo:
"Marissel, como ya lo habíamos conversado antes, no te renovaremos el contrato pues la empresa ahorita no está dejando fijo a nadie, dada la situación económica en el país. Discúlpanos de verdad, no soy yo ni tampoco es algo personal, simplemente es una orden de 'arriba'. Ve a recursos humanos para que te expliquen cómo es el proceso de la liquidación y todo lo demás".
Nunca me habían despedido, pero como pude aguanté todas mis ganas de ponerme a llorar en plena sala de redacción -¡Uy que raya!-. Me sentí parte de los miles de desempleados que reflejan en la película Up in the air, -botan a cientas de personas por la crisis financiera en Estados Unidos-. Hasta que uno no está en el verdadero pellejo de esa persona, no se imagina ni de cerca lo que de verdad se siente.
Con el nudo más grande en mi garganta, le intenté decir sonriente que no se preocupara, que yo entendía todo y con la misma media sonrisa salí de su puesto, caminé a la oficina de recursos humanos y sonriente, escuché la parte de los trámites y de mi liquidación. ¡Tan patética esa palabra: liquidación! La sonrisa no venía porque estaba feliz, que brincaba en una pata, mentira... es que no quería demostrar mi dolor... esa sensación de que no sirves para esto, de que sí es personal aunque haya dicho que no, de que dejaré de hacer esto que tanto me gusta, de que ya no tendré un sueldo medianamente "seguro"...
Acomodé mis cosas. Afortunadamente, mis amigos no estaban pues sino todavía estuviera llorando allá. Me despedí de ciertas personas con las que mejor me relacioné durante esos tres meses, con mi media sonrisa llena más de lágrimas que de felicidad. Cuando iba saliendo recordé algo que me causó extrañeza: mi primera y mi última noticias escritas para ese diario fueron sobre el retorno de los temporadistas, claro, en diferentes momentos. ¿Eso querrá decir algo de trasfondo? ¿Como que me tengo que ir, que tengo que viajar, o algo así? Aún no lo sé.