martes, 29 de diciembre de 2009

Para esta navidad y año nuevo, deseo para tí...


...muchos momentos felices, risas, abrazos, una amistad durarera, una buena cena que incluya el pan de jamón y una exquisita hallaca... El trabajo que te guste, la realización del deseo que tanto has anhelado... mucha salud, prosperidad, éxitos... un aumento de sueldo o en su defecto un grueso aguinaldo... que bailes y que cantes "como si nadie te estuviese mirando"... que sigas soñando... pero sobretodo que sigas formando parte de este hermoso y deteriorado mundo en el que vivimos para que continúes llenándolo de eso que sólo tú puedes dar...!

¡¡¡Feliz navidad y feliz año nuevo!!!

martes, 1 de diciembre de 2009

Mi amiga, la luz

Este artículo lo escribí hace más de un año, cuando, al igual que ahora, el servicio eléctrico se interrumpía a cada instante en Venezuela, con la diferencia de que antes era más novedoso. Por eso, creo que aún tiene pertinencia.

Eran las 3.59 de la tarde cuando todos los aparatos eléctricos se apagaron de repente. La primera pregunta "¿Qué pasó? La peor respuesta "Se fue la luz".

Luego se vinieron muchas otras preguntas a mi mente, pero incontables no tenían respuesta.

Me levanté de la cama pensando "¿Y qué hago ahora?" Consulté con mi familia sobre lo que estaba pasando y todos llegaron a la misma conclusión: El servicio eléctrico se había interrumpido, quién sabe por qué razón y por cuánto tiempo.

Intentando pensar que no había pasado nada, me bañé y vestí dispuesta a salir de la casa, pues tenía clase a las cinco de la tarde, pero una llamada me detuvo. Era un amigo informándome que no habría actividades académicas en la universidad porque los profesores y directores de escuela habían acordado no dar clases a la luz de la luna. De verdad no supe si alegrarme u ostinarme, porque ya estaba con los libros y las llaves en la mano para salir y sin ninguna alternativa en puerta.

"Ni modo, me tendré que quedar aquí sin hacer nada", pensé y fue en ese momento cuando, como dicen los mexicanos, me cayó el 20. Entendí que sin luz la vida se paraliza, no hay nada que hacer. ¡Cuán dependiente somos de la electricidad!

No estaban tan equivocados los creadores de la propaganda de la Electricidad de Caracas cuando decían "...le damos luz a tu vida", pues sinceramente la vida no es vida sin luz eléctrica.

No podemos ver televisión, considerando que en eso se nos va gran parte del día, ya por ahí estamos fritos; si quiero cocinar, no puedo porque ¿adivinen? la cocina es eléctrica, así que hasta que no vuelva la luz puedo morir de hambre. Como vi que tenía tiempo libre, me dispuse a clasificar una ropa sucia para lavarla, pero fue tan desepcionante encontrarme frente a la lavadora y entender una vez más que sin luz no soy nadie.

"¿Qué hago?", volví a pensar; ya estaba cayendo en la desesperación. No hacer nada es fastidoso e inquietante. Lo único práctico que podía hacer era quedarme inmóvil, ya que si empezaba a sudar era muy probable que se rompieran los lazos con mi gran amiga, la luz.

Mientras pasaban las horas, me refugié en un libro, con el que de vez en cuando me soplaba, hasta que llegó la noche y no pude forzar más la vista. Conversar con mi familia fue la otra opción y recurrir a las velitas de cumpleaños que quedaban por allí, a la luz del celular y al resplandor de la luna que se dejaba ver por ratos, pues para colmo el cielo estaba nublado.

Quizá si no fuese por la luz eléctrica tendríamos más tiempo para compartir, intercambiar ideas, leer, relajarnos, pensar... en fin, para vivir más tranquilos. Sin embargo, mi amiga es como la chispa de adrenalina que nos mueve todos los días a su alrededor y como la droga que nos hace dependientes a ella, pero que desgraciadamente necesitamos para vivir.