viernes, 16 de octubre de 2009

Monotonía en cola

¿Qué pensará la gente cuando va de regreso a su casa, después de un día full de trabajo? Ayer cuando hacía exactamente lo mismo, me dio por imaginarme o simplemente observar lo que las personas, que se encontraban a mi alrededor, iban haciendo o pensando mientras transitábamos en una cola interminable.
Los autos que pasaban a un lado mostraban una imagen común: el esposo y la esposa compartiendo lo que habían hecho en el día, quizá peleando porque él no pagó la tarjeta de crédito, regañando a los hijos que se iban golpeando en el puesto de atrás, o simplemente callados mirando cada uno hacia su lado de la ventana, pensando en que no querían estar allí.
En otros casos, era una mujer sola manejando en plena cola, escuchando música sola, hablando sola, disfrutando u odiando su soledad, y pensé: "¿Es eso lo que ha traído la tan anhelada independencia femenina?"
Nadie o pocos reían, quizá por el cansancio, por la cola o por la rutina.
Dentro del autobús, la situación no era tan diferente, pues aunque todos compartíamos el medio de transporte, sólo dos o tres conversaban entre sí; el resto íbamos sumidos en nuestros pensamientos.
Una adolescente le confesaba a su amigo que se había peleado con su novio porque su hermana la amenazó con contárselo a su mamá. Una chica sonreía con picardía, así como cuando uno recibe un primer beso, una declaración de amor. Un par de hombres cargados de unos bolsos en los que aparentemente llevaban la comida del día y herramientas de construcción, escuchaban el vallenato que provenía del teléfono de uno de ellos. Una mujer tenía cara de fastidio como si aquello que le toca hacer día a día no es lo que realmente le gusta. Y un señor leía algún periódico de ayer.
Sin darnos cuenta creo que éste es el momento cuando pudiéramos pensar en lo que aprendemos cada día, hacer planes, recordar momentos agradables, pero nos limitamos a hacer las cosas siempre iguales, parecidas a ayer. Será que nos gusta la rutina o que ella nos atrapa en el camino de la vida. Será que es mejor y más fácil vivir lo mismo todos los días que plantearnos una vida diferente cada día.
Fotografía cargada el 11 de septiembre, 2009 por J. Luis López, en Flickr.

5 comentarios:

  1. Marissel:
    Que buena observadora eres. Pero es así, son cosas de la rutina diaria. El ser humano es conservador por naturaleza, aquel que cambia las situaciones es siempre tildado por los demás de idealista...
    Mi saludo.

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  2. muy buena esa perspectiva de como tu vez las cosas he interesante lo que dices... es notorio que tu vision no sigue siendo buena. de verdad muy interesante lo que escribes sigue asi.!!!

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  3. Muchas gracias, Rodolfo y anónimo. La verdad si, y si uno quiere vivir de otra manera te etiquetan de raro. Pero qué difícil y aburrido es vivir como dicta la sociedad!!

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  4. Uff el bus. Literalmente prefiero caminar. los micros son muy pequeños, y los grandes siempre van hasta err cu...cuádruple de llenos.

    Cuando me tocaba irme a mi casa en bus desde LUZ me iba a pie. Me tardaba lo mismo, la pasaba mejor, no tenía que calarme el olor de los demás, ni el musiqueo del chofer. Me tardaba lo mismo y hacía ejercicio.

    Claro, no todos pueden hacer lo mismo que yo (otros no querrán) pero me he fijado que acá se camina muy, muy poco. Y no hay falta de motivos: inseguridad (tal vez el principal motivo), falta de buenas aceras (por cierto, aquí cada quién hace lo que quiere con el frente de su casa), calorrr, falta de sombras, vías sucias (nada pero que calarse una cuadra de malos olores cuando es día de la basura), y pare Ud. de contar.

    De todas formas, cuando puedo camino, porque a pesar de todo me gusta más que estarme pudriendo por dentro de la impotencia que me provoca desgastare en un embotellamiento de tráfico.

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  5. Vid, tienes mucha razón.. razones sobran para no caminar ni media cuadra en el Zulia.. te admiro por ser tan valiente!! eso sí, sin contar que un paso tuyo son tres de una persona común.. jaja!

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