domingo, 16 de agosto de 2009

90 minutos diarios, por un soldado verde (II)

“No fue una derrota”

Al llegar ese día al lugar donde se alistan los futuros soldados, conocido como la Barraca en el estado Zulia, a las 9 y 40 de la mañana, ya se encontraba un grupo de jóvenes bastante numeroso, quienes también aspiraban a entrar en el Ejército, unos por problemas de conducta, otros por razones económicas, otros por no tener otra alternativa mejor, pero muy pocos por vocación.
Cuando al fin atendieron a Rafael, le hicieron varias preguntas personales, muchas referentes a su núcleo familiar, y el respectivo examen médico, en el cual le encontraron elevadas cifras tensionales, muy poco comunes en jóvenes de su edad. El médico, al darse cuenta de esa situación, lo llevó a un cuarto aparte y le dijo, sin compasión alguna, que con esos factores de riesgo cardiovasculares y 20 kilos demás no podía entrar al Ejército.
Rafael no aceptaría una derrota tan fácil y su viaje de regreso fue una incesante búsqueda de soluciones. Al llegar a su casa y contarle a su familia lo sucedido, rápidamente le fueron practicados unos exámenes de laboratorio que mostraron alteraciones en sus niveles de colesterol, triglicéridos, ácido úrico y pruebas hepáticas, que confirmaron la sentencia de aquel médico. A pesar de que su cuerpo no se sentía enfermo, buscó la manera de mejorar esos resultados.

El plan

Luego de un par de meses emprendió el reto. Sin comentarle nada a nadie, para no levantar malos comentarios, planeó que los primeros dos meses fueran de preparación mental. “Tenía que hacerme entender que no podía comer en exageración y mucho menos ingerir comidas altas en carbohidratos y grasas”, recuerda con dolor. Y los siguientes meses fueran de preparación física.
Todos los días, a las seis de la tarde, salía trotando de su casa y regresaba 90 minutos después empapado de sudor, pero trotando. En la plaza Concordia, realizaba con entereza tres series de 25 abdominales, de flexiones y de paracaídas, y le daba varias vueltas al lugar durante media hora. Primero, trotaba diez minutos y luego hacía una serie de cada ejercicio, los cuales producían un intenso dolor en el abdomen y en las pantorrillas pero él continuaba, obligándose a no pensar en nada. Repetía esta rutina tres veces más intercalando los ejercicios y el trote.
Un día, podando la grama del patio de su casa, se cortó parte de la uña y piel del dedo pulgar del pie derecho. No obstante, Rafael no doblegaría su ímpetu y al igual que los días anteriores, se colocó sus botas marrones bastante desgastadas, sus tres franelas y su short, y salió trotando sin manifestar dolor alguno, “aunque cada vez que pisaba con el derecho, iba al cielo y venía”, según relata. Fue de esta manera como logró adelgazar 20 kilos en seis meses y luego de un chequeo médico, la tensión y los demás niveles llegaron a la normalidad.

2 comentarios:

  1. ¿no te metes en politica? jajaja que crees que haces, querras decir no me meto en politica partidaria,te sugiero si dices que estas en comunicacion debes explicarte mejor

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  2. Hola, Daniel. Gracias por visitar mi blog. Ni en éste ni en ninguno de los textos que he publicado hago referencia a la política; en algunas, hago reflexiones desde el periodismo y en esta historia, aunque nombro el Ejército venezolano, no lo critico, pues sólo forma parte del sueño del muchacho que lo protagoniza.
    Gracias por comentar, de nuevo! ;)

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