lunes, 6 de julio de 2009

La montaña rusa del transporte público

Tal y como una montaña rusa es el transporte público que tenemos en el estado Zulia, con sus altas y bajas; unos días se llega rápido y otros se convierte en toda una eternidad; algunos lo disfrutan, yo ya no lo soporto.
Mi día normalmente comienza a las ocho de la mañana, todo depende de dónde me encuentre. Si es en Maracaibo, salgo media hora antes de mi clase para llegar felizmente a tiempo. Si me encuentro en Cabimas, mi ciudad natal, debo salir tres horas antes para llegar en la raya (o 10 minutos tarde).
Durante los cuatro años de carrera, me he visto en la necesidad de utilizar tres medios de transporte: las rutas de la Universidad del Zulia (LUZ) -soy estudiante de esa institución-, las urbanas y las Cabimas-Maracaibo.
En primer lugar, las rutas urbanas, que transitan dentro de la ciudad capital, me han inyectado en las venas el gusto por el género vallenato. A pesar de sentir mucho respeto por ese tipo de música, la verdad es que no me agradaba en lo absoluto. Cada vez que me subía en un autobús, las cornetas explotaban únicamente con ese estilo. Al tiempo, terminó pareciéndome tan chévere, al punto de que hoy me los sé casi todos, los canto y hasta les inventé coreografía.
Algunos días, estas unidades colectivas funcionan de maravilla; otros, es angustiante andar en ellos: no cabe la gente, dejan pasajeros cada diez segundos y cada diez más se monta un vendedor ambulante a tratar de convencernos de que su producto es el más barato, que dos bolívares fuertes ya no valen nada y que segurito debe estar en casa un hijo, sobrino, nieto, vecino o extraño esperando que le llevemos algo, eso es lo que yo llamo "ingenio del maracucho".
En segundo lugar, las rutas de LUZ sirven de ejemplo del dicho “Lo barato sale caro”, aunque son gratuitas, pero qué caro sale viajar en estos autobuses. A veces, no quieren viajar y cuando lo hacen pretenden montar gente hasta en la placa. Cuando tengo éxito, consigo puesto; cuando no, me toca irme de pie hasta Cabimas y en mi condición van unos cuantos más tratando de encontrar un espacio en el tubo para sujetarse. Si corremos con suerte, llegamos sin problemas, pero cuando no es así, un caucho se revienta, el motor se recalienta, el conductor se siente mal, entre mil locuras más.
Por último, las rutas de Cabimas-Maracaibo, se convierten en la travesía más larga del mundo, ya que, como dije antes, debo salir con tres horas de anticipación de mi casa para llegar justo a tiempo –en carro particular son 45 minutos-: una hora para salir de Cabimas, otra para el viaje en sí y otra para atravesar Maracaibo y llegar hasta la universidad. Para mi fortuna, de tanto utilizar esta vía me he hecho amiga de casi todos los conductores y colectores, lo que me da la ventaja de pagar dos bolívares fuertes por el pasaje, en vez de seis mil como el resto de los transeúntes.
A pesar de todas las calamidades, debo decir que gracias a estas montañas rusas me he dado cuenta de lo perserverante que soy, a apreciar más lo que tengo y a tener como incentivo ¡¡¡Graduarme rápido y comprarme un carro para pasar por un lado de los autobuses picando cauchos!!!
Foto: Cargada el 18 de diciembre, 2007por Caio Bruno (modificada)

3 comentarios:

  1. Franklin Reyes27 julio, 2009

    please me das la cola :( cuando te compres el carro jejeje cuidate un beso.

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  2. Osea nooo... jajaja.. vos soy el que tenías que haberme dado la cola desde hace tiempo. Mínimo un viajecito pa Puerto La Cruz te sale, para que te reivindiques. jajaja!

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  3. Oye Excelente el articulo de la montaña rusa.....muy bien logrado. M e siento bastante identificado porque ¿quien no lo ha pasado?. FELICITACIONES; es un ejemplo que de Cabimas hacemos cosas muy bien logradas. santiago_sur1202@hotmail.com

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