miércoles, 29 de julio de 2009

Mi sueño y mi desvelo por una noche


Ya está listo, señores. Sólo horas me separan de la entrega de mi tesis.
Me parecía tan tonto que la gente dijera que el tiempo pasaba rápido. Ahora me veo, veo mis pasados 4 años y es cierto, fue sumamente rápido.
Estoy tan feliz, tan feliz, tan feliz, que esta emoción no podía no relatarse en este blog.
Gracias a todos los que me ayudaron a hacer posible mi sueño y tener, hoy en mis manos, la única razón que ha podido desvelarme una sola noche en mi vida.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Soy felizzzzzzzzzzzzz!!!!!!!!!!!!

miércoles, 22 de julio de 2009

Ausencia justificable

Para aquellos, amigos, comentaristas e incógnitos, que quizá han pasado por aquí y no han visto nuevas actualizaciones, les tengo una explicación: Las últimas semanas han sido una locura pre-entrega de tesis de pregrado, por lo que me he visto en la obligación, impuesta por mí misma, de ausentarme de la web al menos mientras termino mi trabajo de grado (el 30 de julio).
Así que con seguridad me tendrán después de esa fecha, para seguir no metiéndome en la política.
¡Saludos!

jueves, 9 de julio de 2009

La malta que alucina

No sé qué pensaron los creadores de esta publicidad. No sé qué vean las demás personas, pero desde mi punto de vista, creo que a través del comercial de la nueva Malta Regional Kolita quieren expresar que los niños, después de tomarla, alucinen, imaginen o piensen en que pueden hacer cosas imposiblemente “divertidas”.
En la primera entrega, hacían volar como papagayos a los niños y en esta segunda, un chamo esta en un pared de escalar y los que están abajo lo manejan mediante un control remoto como si fuera un video juego. Yo no sé mucho de propagandas, ni comerciales, ni publicidad, pero como espectadora y receptora de este mensaje, opino que está muy lejos y errado de lo que debería ser una propaganda dirigida a los niños. (ya que no pude descargar el video aquí, los invito a que comprueben mi idea clickeando en el enlace):

lunes, 6 de julio de 2009

La montaña rusa del transporte público

Tal y como una montaña rusa es el transporte público que tenemos en el estado Zulia, con sus altas y bajas; unos días se llega rápido y otros se convierte en toda una eternidad; algunos lo disfrutan, yo ya no lo soporto.
Mi día normalmente comienza a las ocho de la mañana, todo depende de dónde me encuentre. Si es en Maracaibo, salgo media hora antes de mi clase para llegar felizmente a tiempo. Si me encuentro en Cabimas, mi ciudad natal, debo salir tres horas antes para llegar en la raya (o 10 minutos tarde).
Durante los cuatro años de carrera, me he visto en la necesidad de utilizar tres medios de transporte: las rutas de la Universidad del Zulia (LUZ) -soy estudiante de esa institución-, las urbanas y las Cabimas-Maracaibo.
En primer lugar, las rutas urbanas, que transitan dentro de la ciudad capital, me han inyectado en las venas el gusto por el género vallenato. A pesar de sentir mucho respeto por ese tipo de música, la verdad es que no me agradaba en lo absoluto. Cada vez que me subía en un autobús, las cornetas explotaban únicamente con ese estilo. Al tiempo, terminó pareciéndome tan chévere, al punto de que hoy me los sé casi todos, los canto y hasta les inventé coreografía.
Algunos días, estas unidades colectivas funcionan de maravilla; otros, es angustiante andar en ellos: no cabe la gente, dejan pasajeros cada diez segundos y cada diez más se monta un vendedor ambulante a tratar de convencernos de que su producto es el más barato, que dos bolívares fuertes ya no valen nada y que segurito debe estar en casa un hijo, sobrino, nieto, vecino o extraño esperando que le llevemos algo, eso es lo que yo llamo "ingenio del maracucho".
En segundo lugar, las rutas de LUZ sirven de ejemplo del dicho “Lo barato sale caro”, aunque son gratuitas, pero qué caro sale viajar en estos autobuses. A veces, no quieren viajar y cuando lo hacen pretenden montar gente hasta en la placa. Cuando tengo éxito, consigo puesto; cuando no, me toca irme de pie hasta Cabimas y en mi condición van unos cuantos más tratando de encontrar un espacio en el tubo para sujetarse. Si corremos con suerte, llegamos sin problemas, pero cuando no es así, un caucho se revienta, el motor se recalienta, el conductor se siente mal, entre mil locuras más.
Por último, las rutas de Cabimas-Maracaibo, se convierten en la travesía más larga del mundo, ya que, como dije antes, debo salir con tres horas de anticipación de mi casa para llegar justo a tiempo –en carro particular son 45 minutos-: una hora para salir de Cabimas, otra para el viaje en sí y otra para atravesar Maracaibo y llegar hasta la universidad. Para mi fortuna, de tanto utilizar esta vía me he hecho amiga de casi todos los conductores y colectores, lo que me da la ventaja de pagar dos bolívares fuertes por el pasaje, en vez de seis mil como el resto de los transeúntes.
A pesar de todas las calamidades, debo decir que gracias a estas montañas rusas me he dado cuenta de lo perserverante que soy, a apreciar más lo que tengo y a tener como incentivo ¡¡¡Graduarme rápido y comprarme un carro para pasar por un lado de los autobuses picando cauchos!!!
Foto: Cargada el 18 de diciembre, 2007por Caio Bruno (modificada)