domingo, 21 de junio de 2009

De tu pipilinga

No sé si mi papá podrá leer esto. No sé si hasta el cielo pueda llegar la señal de internet. Nunca le he escrito nada, desde que murió hace 11 años. Qué gran ironía. Yo escribo todos los días y he hablado de cualquier tema: salud, educación, amor, jubilados, describo personas que conozco en una entrevista... pero nunca he escrito sobre mi papá. Qué error.
No voy a decir que él fue el mejor, pero sí lo fue. Aunque lo tuve apenas 10 años, me enseñó grandes e importantes cosas de la vida. Tan esenciales que quizá sin ellas no sería lo que soy hoy.
Todas las mañanas me despertaba con suaves golpecitos en mis mejillas, pues era la única forma de despertarme parcialmente; a la media hora, volvía para insistir en que me levantara y me daba besitos en la frente con frases como "Mariselita, pipilinga-como solía decirnos a mis hermanos y a mí-, ya es hora de despertarse o sino te dejará el transporte". En las noches, era quien me arropaba, rezaba conmigo un padre nuestro y el ángel de la guardia, apagaba la luz y me deseaba feliz noche.
En todo ese tiempo, aprendí valiosas cosas de él: por su condición de veterinario, me enseñó a querer y valorar a los animales, tanto como a las personas; aprendí a respetar a los ancianos, a conversar con ellos y tenerles paciencia; a que no se le podía negar el agua a nadie; a comerme toda la comida, pues era una maldad desperdiciarla cuando había niños necesitando al menos una parte de mi plato; cuando me sentara en la mesa, no podía cantar, bailar, ni jugar con la comida (esa si nunca me dijo por qué).
Que yo sea buena estudiante fue algo que mis padres lograron junto a mí. Él se encargaba de que me aprendiera los temas "al caletre", y aunque no es la mejor forma de aprendizaje, me siento orgullosa de haber tenido alguien quien se preocupara porque saliera bien en mis exámenes.
Lo más maravilloso de todo es que me quedaron muchas cosas de él y que luzco con todo honor: el gusto insaciable por bailar, mis pies, mis ojos -por herencia de sus padres-, mi malísima memoria, mi impuntualidad, las tres horas cuando me baño y me visto. A pesar de que no me lo explicó de manera explícita, heredé de él la forma tan insaciable de amar, querer sin importar qué me dieran a cambio y sin ataduras, demostrar lo que siento y, sobretodo, ser sincera.
El Día del Padre no es una fecha en que lo recuerde, pues lo hago todos los días, y una vez al mes le dedico unas horas para llorar su partida. Lamento que me hayan faltado tantas cosas por vivir a su lado... tantas historias, tantas risas, tantos bailes, tantos días y tantas noches... Dios sabrá por qué lo necesitó más que yo.

Foto: Mi papá cargándome durante la comunión de mi hermana, mientras yo dormía feliz. (Diciembre 1988, yo tenía un añito de vida) (Le daría el crédito a quien tomó la foto si supiera quién es)

7 comentarios:

  1. Que hermoso post! Llegue aca por las casualidades de la vida, ni siquiera te conozco y me hiciste sentir un nudo en la garganta, que lindo.

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  2. Muchas gracias! Me sorprende saber que lo que escribo produce sentimientos en los demás. Espero que las casualidades te sigan trayendo por aquí. Gracias!!!

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  3. nena te quedo bueniiiisiiimoooo...aclaro que la única que se llamaba pipilinga eras tu...supongo que por ser la más chiquita ;)

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  4. soy tu mana y fan nro 1 de lo que escribes...tqm!!!
    Marjorie

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  5. Verdad mana??? no sabia.. como fui la ultima pense que a ustedes tambien les decia asi!! gracias por apoyarme, nena! se que a papi, aunque no le gustaba leer mucho, tambien le hubiese gustado leerme!! tambien te quiero! Gracias!!!

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  6. Muy bello saber que puedes compartir tus sentimientos, soy padre y me senti aludido con tus palabras.
    Pasé por casualidad por estas página, pero bien ameríta pedirte que sigas escribiendo.

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  7. Muchisimas gracias. Sin duda, lo seguire haciendo!!!

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