domingo, 26 de abril de 2009

¿Cómo interpretar sin opinar?

Cada vez que me toca hacer un trabajo sobre política, entro en crisis. Esta vez es producto de una asignación de la universidad, en la que me piden hacer un análisis interpretativo del tratamiento informativo en La Verdad, Panorama y El Nacional en relación con la Ley de Descentralización y sus ramificaciones (entiéndase Antonio Ledezma, Jacqueline Farías, Manuel Rosales, etc).
Es allí cuando se me enreda en volatín en medio del poco de cables que yo misma he puesto entre el cielo de la política y mi calle. Es allí cuando me pregunto cómo explicar, por medio de qué palabras, mediante qué argumentos le hago ver al lector que La Verdad produjo más información sobre Manuel Rosales que del Puente Rafael Urdaneta o que El Nacional le dedicó mayor espacio al caso de Ledezma y Faría ¿Cómo justifico esas situaciones sin caer en opiniones y sin sentirme inmensamente culpable de tomar posición política?
Hay quienes dicen que debemos pegarnos a la verdad, no ser objetivos porque es casi imposible, sino tratar de ser lo más imparciales cuando nos toque interpretar cosas como éstas. Es cierto, eso trato, pero creo que finalmente terminaré ofreciendo una visión muy personal de por qué un periódico apoyó al gobierno y el otro a la oposición.
Esto no me ocurre cada vez que redacto un reportaje, porque sino me debería cambiar de carrera; debo reconocer que mi problema es con la política, será que la tengo agarrada con ella.
Si alguien puede mostrarme un espacio por donde volar mi papagayo, le estaré inmensamente agradecida.

sábado, 11 de abril de 2009

"Bea y haprenda a escrivir"


En el camino hacia las Cataratas de Hueque, en la Sierra de San Luis (estado Falcón), me tropecé desafortunadamente con este aviso, entre muchos otros.
Confío en que hayan querido decir lo que muy bien define el DRAE como BOTAR: "botar. (Del germ. *bōtan, golpear). tr. Arrojar, tirar, echar fuera a alguien o algo" y no VOTAR: "votar. (Del lat. votāre). intr. Dicho de una persona: Dar su voto o decir su dictamen en una reunión o cuerpo deliberante, o en una elección de personas// loc. interj. U. para expresar amenaza, enfado, sorpresa, admiración, etc".
No sé por qué mi mente dibujó la basura dentro de una urna de votación. ¿Será que ellos lo colocaron con toda la intención para que las personas no arrojaran los desechos con rabia o para no amenazar a la tierra o es que quieren votar en contra de la basura?
Yo, sinceramente, espero que las siglas "UNESR" no correspondan a la Universidad Nacional Experimental Sur del Lago o Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez, porque sino quien sea que lo haya escrito no merece graduarse. He dicho.

domingo, 5 de abril de 2009

Viajando con los viejitos

Eran las cuatro y media de la mañana cuando íbamos en camino para el Terminal de Cabimas donde nos montaríamos en el autobús, rumbo al estado Falcón. Como es usual, a esa hora mi cuerpo caminaba más por inercia que por ganas, dormido que despabilado, sosegado que emocionado, por el viaje que realizaría. Creo que en un momento de lucidez pensé: “Razón tendrán muchos en que va a ser bien aburrido viajar con este poco de viejitos”.
Lo primero que atiné a hacer una vez en el bus fue continuar mi interrumpido sueño y, a eso de las ocho de la mañana, empecé a escuchar las voces de mis compañeros de viaje, diciéndose, entre risas, unos a otros: “¿Tienes agua allí? Para tomarme la pastillita de la tensión”, “Así es señores, no se les olvide tomarse la medicina pa’ el mongoliquismo; los hombres, la del viagra; y las mujeres, las anticonceptivas”. De igual forma, lo hicieron los cuatro días que duró el viaje a la misma hora (menos mal que se les olvidaba).
Eran 10 señoras y cuatro hombres de 55 hasta 65 años, integrantes de la Asociación de Educadores Jubilados y Pensionados de Cabimas (AMEJUP-Cabimas). Con bastones, bolsos de manos, cavitas para guardar agua, bolsitos con la medicina que menos imaginara, abrigos, almohadas, sábanas, frutas, galletas, pan y cualquier otro elemento infaltable en un viaje, me hicieron darme cuenta de que lo mejor del mundo es salir con gente mayor, porque siempre tienen lo que uno necesita.
La primera parada fue Punto Fijo, donde hicieron fiesta con la pensión y el sueldo recién salido del banco. Luego, el destino fue Villamarina. Mientras me debatía en meterme al mar y dejar que me rozara una aguamala o quedarme afuera odiándolas, los jubilados buscaron entretenimiento: jugaron cartas, compraron cualquier cosa que se pareciera a comida, disfrutaron la vista y se bañaron con las aguamalas como si nada.

En la noche, al llegar a la posada Casa D’ Diego, en Santa Ana de Carirubana, algunos fueron a dormir luego de tomarse la medicina para el sueño, la manzallina y el té de hierbas, vaya usted a saber de qué; los más bochincheros jugaron 31, cantaron con el karaoke y bailaron al son del éxito del momento preferido por ellos, “El Zancudo Loco”. Los dueños del lugar nos prestaron cotillón y fue suficiente para armar el bochinche en pleno: moverse como borrachitos, hacer mi vueltica ‘famosa’ y bailar vallenato con los dedos bastaron para que casi dejara mi mandíbula allá.


El segundo día fuimos a la Sierra de San Luis, de la cual lo único que visitamos fueron las Cataratas de Hueque, con sus aguas cristalinas, súper frías y piedras resbaladizas, tanto que me costaron dos moretones en cada rodilla. De regreso, nos perdimos en el camino, pues las carreteras están llenas de huecos, derrumbes y sin una sola señalización que nos indicaran dónde quedaban las fulanas “Negritas” que nos había prometido el señor del tour, lugar donde llegamos a comer a las cinco de la tarde. Mientras, agotábamos todos los recursos alimenticios que llevaban en sus carteras (pan, galletas, chucherías), las dos arepas de jojoto que compraron por el camino y los deseos de comer aunque sea naranjas, lo más apetecible que veíamos entre tanto monte.


El tercer día viajamos hasta el Cabo San Román que queda más lejos que el reino de Muy muy lejano y que no me dejaron disfrutar porque “había mucho sol y tiempo de lluvia”, quien entienda eso como razón para no quedarse allí mínimo por dos horas, que me avise. Tuve que tomar unas tres foticos rápidamente y correr hasta el autobús porque ya casi me dejaban.


La odisea de la comida nos persiguió por todo el viaje. A las tres de la tarde, Adícora fue el destino culinario, donde finalmente pude comer un anhelado pescado frito, pues todas las opciones anteriores se limitaban a ser: chivo asado, chivo guisado, sopa de chivo, chivo frito, chivo con arroz, chivo con espaguetti, chivo en coco, chivo de espalda, chivo arrodillado, chivo de lado, chivo, chivo, chivo, y a mí que no me gusta el chivo.
Como todos los fines de semana, para alegrarles la vida a los habitantes de ese humilde pueblito, el señor Jesús Guarecuco, dueño de la posada, llevó un cantante de música llanera que interpretó hasta gaitas “para hacernos sentir como en casa” y fue tan bueno que no tenía en su repertorio “Venezuela”.
El tiempo de lluvia y el frío también nos persiguieron durante los cuatro días. Sí, lluvia y frío en Falcón, sólo me pasa a mí. Suertudos los cujíes; les dejamos ese regalo para que no lloren de dolor.
(Fotos: Marissel Villalobos)